martedì 29 marzo 2011

Bitácora: Capítulo XI

Escrito el sábado 26 de febrero: ¡empieza la aventura!

Ilaria me acompaña a la estación. Estoy un poco nerviosa. Por fin, me subo al tren un poco insegura porque no sé demasiado bien cómo funciona lo del interrail. Me meto en un vagón con una señora que no tiene pinta de ser italiana. Parece tranquila, sin embargo, en el vagón de al lado hay un grupo de muchachos bastante petardos, espero que se bajen pronto. Cuando por fin llega el revisor, que parece ser agradable, me dice que todo está correcto. ¡uff, menos mal! Ahora ya me puedo acomodar y pasar relajada las siete horas de viaje que me faltan… ¡todavía!

Cuando estamos casi llegando a Ostuni, se sube un señor muy elegante, silencioso. Perfecto, el viaje continúa bien. Pero, después de un poco, nos paramos en sabe dios dónde de la Puglia, y se suben un par de gilipollas que además huelen a no haberse lavado en a saber cuánto. El tío parece un poco corto de mente y, para más INRI, es un completo maleducado. No para de hablar y no me deja espacio. Luego se sube otra chica que parece tonta, pero no, lo que pasa es que es jordana. Empiezo a pensar que lo de dormir esta noche no va a ser posible. El hombre no calla y, encima, cuando le digo que quiero dormir me responde que él no tiene esa intención. ¡Mierda! Estos italianos…
 
Se pone a fumar con toda la cara , ojalá que lo echen del tren. Pero no, el muy imbécil se pone con su pitillo en el pasillo y al segundo le llaman la atención. Para mi desgracia, el revisor es demasiado bueno.

Además de no callar, no dice más que tonterías. Descubro que es de Bari, ¡me lo imaginaba! No sé por qué… “i so di Bar”

Me siento muy leccese odiando a los bareses en este momento.

lunedì 28 marzo 2011

Bitácora: Capítulo X

Antes de contaros todas las aventuras de mi escapada de mochilera, os dejo un precapítulo, para actualizar poco a poco el blog, porque se ha quedado un poco abandonado.

El mes de febrero continúa tranquilamente. Sin muchas novedades. Acabo los exámenes con buenos resultados. Me falta hacer el de Letteratura greca, examen que me quiero preparar bien y con tiempo, así que, aprovechándome del sistema italiano, decido dejarlo aparte y esperar a tener los medios líbricos para estudiar en condiciones. 

Febrero se convierte en el mes de las despedidas.Las francesas y Kati han acabado el tiempo de la Erasmus, hacemos una pequeña despedida en el Road66. Empiezan en serio las despedidas. Kersten y yo volvemos a casa muy tristes.

Julie por fin nos abandona. La acompañamos a la estación y cuando vuelvo a casa se me caen las lágrimas. Me da muchísima pena que se vaya, sobretodo teniendo en cuenta que no tengo ni idea de cuándo la volveré a ver… 

Con la partida de Julie, llega Judith, la novia de Daniel, una chica de lo más simpática. La había conocido unos meses antes en una escapadita a Lecce, y ahora la recibo casi como una amiga de toda la vida. Nos entendemos perfectamente a pesar de no hablar la misma lengua. Me paso un par de días con esta pareja a la que quiero tanto, pero el momento de la despedida se acerca poco a poco… 

Siento que no me quedan amigos “erasmus” en Lecce. Kersten se irá a finales de marzo, pero luego… sólo queda Magda. De los italianos que había conocido antes de la ocupación me queda Matteo, al que no veo demasiado a menudo, y, obviamente, Matteo y Davide. Pero el resto, son todos de la ocupación.

En este mes me planteo de verdad dejar el piso, hablo con el casero y no me entiende. Ilaria ya me ha ofrecido ir a su casa todo el tiempo que necesite, así que decido irme a finales de febrero para allí. Sin embargo, cambio mis planes porque por couchsurffing unas chicas francesas me piden alojamiento en casa, así que me quedo un par de días más en mi antigua casa y, efectivamente, les doy alojamiento. Matteo y Davide están súper nerviosos, no saben cómo actuar… ¡Chicos, esto también es un experiencia nueva para mí! ¡Tranquilidad! Al final sale todo genial, las francesas resultan ser geniales, y una es mi tocaya. Emma et Constance. Me invitan a ir a Padova en mi recorrido por Italia del norte. Acepto.

El momento de empezar el viaje está al caer y aun no he encontrado un sitio donde dormir en Roma, mi primera etapa. El sábado por la tarde, pocas horas antes de partir, lo encuentro gracias a Ilaria. ¡¿Qué haría yo sin esta mujer!?

Por fin, parto.

martedì 15 febbraio 2011

Bitácora: Capítulo IX

 
Y sigue el estrés. Tanto la profesora de Archeologia como la de Storia Greca quieren recuperar todas las horas de clases. Seminarios por la tarde de cerámica y clases de storia a la vez. Para relajarnos, y ver un poco de archeologia de verdad, la Semeraro nos lleva a una de sus excavaciones, cerca de Lecce: San Vito di Normanni. Respirar un poco de aire puro entre ruinas y la reconstrucción de cabañas de época arcaica. Disfruto como una enana al pisar la hierba y ver a las ovejas con su pastorcillo. Pero por la tarde me espera el estudio. 

Esa noche vamos a una fiesta a la residencia universitaria donde están casi todos los polacos. A las seis de la mañana me tengo que coger un autobús para Bari, donde vamos con el Ateneo Occupato a la manifestación de los trabajadores de la Fiat. Así que, a cierto punto, en la fiesta, decido que es hora de irse a casa, pero como llovía mogollón y estaba bastante lejos intento llamar a un taxi. Hablo con el portero y probamos, pero ninguno contesta. Mientras intentaba con todos los números, se me acerca un italiano y me pregunta qué ocurre, le digo que quiero coger un taxi y me responde que a esas horas ¡un jueves! no hay taxis. Increíble, no me lo puedo creer. Yo creo que los taxis no han llegado al Salento, todavía. Así que el chaval me pregunta dónde vivo y si me estoy yendo sola. Le respondo que sí, que me voy sola. Él alucina “¿cómo sola? ¡Vives muy lejos! ¡No puedes ir sola!” Y de pronto se va a hablar con un amigo, que, cinco minutos después, me dice: “Te llevo yo, que tengo aquí el coche” “¿Pero te vas ya?” “No, pero da igual, te llevo.” Flipo con la situación, pero bueno, al menos llego a casa seca y pronto.

Tres horas después me despierto y me voy con Ilaria a coger el bus. En el bus estamos todos medio muertos de sueño. Llegamos a Bari y recupero poco a poco energía, con lo cual espanto a mis compañeros. Esta española está loca, no para quieta. La manifestación es de lo más normal. Sin mayor incidente. Un recorrido breve y muchos discursos. El grueso de la mani está compuesto por nosotros, los estudiantes… Empieza a sonar el Bella ciao y me pongo a cantar como una descosida, así que confirman sus pensamientos: mirad a Constanza, canta con más ganas que nosotros… se le va la pinza. Y se ríen de mí, o conmigo. ¡Ja!, seguro que si no hubiese ido la manifestación hubiese sido más aburrida.
Cuando volvemos a Lecce me voy directamente a dormir, con lo cual el curso de pizzica me lo salto. Y por la noche voy con Ilaria a un lugar nuevo: “Il circolo anarchico” Donde hay un montón de libros, comida, vino y buena música. Poco a poco se va llenando de gente del Ateneo, y nos reunimos un buen grupo. Luego, todos juntos, nos vamos al Zei, otro bar en el que hacen un montón de iniciativas y que se ha convertido en el nuevo lugar de reunión de los ex-ocupantes. Como la noche se alarga bastante, al día siguiente ni oigo el despertador y me quedo sin ir a Alberobello… otra vez será.

El sábado transcurre poco a poco. Sin gran novedad. Me paso la tarde cocinando porque vienen a cenar Anca y Goscha, ya que Anca se vuelve a Rumanía en breves y antes le tengo que hacer una prometida paella. Nos divertimos mucho, hablamos de política, vamos las diferencias entre Polonia, Rumanía, Italia y España. Después nos vamos a un concierto medio roquero, en el que Matteo y Davide se convierten en las estrellas de la fiesta para las polacas. Se las ligan a todas y no paran de bailar. Acaban agotados. Mientras tanto, yo me encuentro con mis camaradas del Ateneo y con mis amigos más jevirulos.

El domingo nos vamos a un pueblo cerca de Lecce, siempre con Ilaria, y sin faltar Marco, Rocco y el borde de Óscar, un español de Valladolid que parece que odia el mundo, aunque en el fondo- cuando quiere- es un pedazo de pan. Supongo que será el cordero con piel de lobo. Vamos a este pueblo, Campi, porque han abierto un bar vegano y hacen un aperitivo. Nos ponemos hasta las cejas de las cosas más raras: patatas cocidas con salsa de tomate, cebolla y no sé que más… La verdad, que está muy rico todo. En el bar además hay una muestra fotográfica de temática ambiental, un montón de folletos informativos del ser vegetariano, el trato de los animales, el respeto del ambiente, y un largo etcétera que hace que me encante. Me acuerdo muchísimo de Ondina. Pienso que le gustaría conocer a la gente que estoy frecuentando.

El lunes reinicia la semana, yo aún no he acabado las clases. Aún me queda literatura griega… che palle! Pero bueno, allá vamos. Un poco de literatura, una visita al Ateneo, un poco de estudio… Y por la tarde voy a una librería donde se reúne el círculo antirracista. Se está preparando una manifestación de apoyo a los Rom, que vienen a ser los gitanos, que viven en barracas, en caravanas, a las afueras de Lecce y están, hablando claro, en la mierda. Les quieren echar, tirarles las casas, y no tienen a dónde ir, no tienen un mísero apoyo. ¡Qué vergüenza! Nos cuenta una de las chicas del campo Rom que yendo a reunirse con el alcalde, que obviamente no le recibe, habla con la secretaria que le dice: “vaya, no sabía que hablaba usted tan bien.” Y ella: “¿qué pasa, que por ser gitana tengo que ser una maleducada?” Estamos tan absolutamente llenos de prejuicios que no sé cómo nos podemos mirar al espejo con la conciencia tranquila. 

 
Teatro y pa’casa a prepararme porque hoy hay otra fiesta. Fiesta hippie en casa de Julie, otra alemana. Matteo y Davide están felices porque nos disfrazamos. Parecen un par de críos. “¿Costà, que me puedo poner?” Les visto con mi ropa. “Jo, qué guay, tienes siempre solución para los disfraces” “Costà, ¿me puedes maquillar un poco?” Disfruto como una enana, tengo dos muñecos a los que vestir y maquillar a mi gusto. Así, ¿quién quiere barbies?  


Intento organizar con un montón de ilusión un viaje a Venecia para los Erasmus. Gracias a una asociación de la universidad, el viaje nos sale muchísimo más barato. Invierto un montón de tiempo y saldo en el teléfono para organizar. Avisar a la gente, buscar alojamiento barato… Horas invertidas para que al final seamos tres. Qué gente, qué decepción. En fin, de todas maneras a mí el carnaval de Venecia nadie me lo quita. Iré, aunque sea sin viaje organizado ni sitio dónde dormir. 

El miércoles es un día un poco triste, ya que es la despedida de Lorenzo y Federica, que se van a París de Erasmus. Hacemos una pequeña fiestecilla en el Zei. Estamos hasta altas horas de la mañana y el pobre Lorenzo acaba un poco perjudicado. Razonamiento de mis amigos: “bueno, al menos así se acordará de la última noche en Lecce.” 

Al día siguiente, Lorenzo viene a despedirse de mí. Me da mucha pena, ya no tendré a nadie que me ayude a tocar las narices con el reciclaje o que me lea el pensamiento en las Asambleas. Bueno, mujer, nos vemos en París, y sino, en Santiago.

El mes de febrero es el mes de despedir a la gente. Lorenzo y Federica se van de Erasmus, y la mayoría de mis amigos erasmus se vuelven a sus respectivos países. No son despedidas fáciles ya que no sabemos cuándo nos volveremos a ver, si es que nos volvemos a ver.

Por la tarde es, por fin, la manifestación Rom. Me voy a ir de casa y Davide me pregunta a dónde voy. “A la manifa Rom.” “¿A favor o en contra?” “¿Cómo que a favor o en contra?” “Pues yo sería a la única manifestación que no iría.” Dios, vaffanculo!
Luego debería ir a teatro, pero es mi primera falta, la primera de tantas que acabarán en dejarlo. No me siento satisfecha en el curso, y la gente cada vez me decepciona más. Así que, con ayuda de Ilaria, su compañera de piso: Rosa, y otras personas, empiezo la búsqueda y captura de grupo de teatro, curso o lo que sea con tal de hacer algo un poco más serio.

El viernes, cansada de la dictadura de la televisión de mis compañeros de piso, teniendo que estudiar y con un dolor de cabeza que no se me iba, decido mudarme unos días a casa de Lorenzo, mi tío italiano. Dado que Giuliano no está, le hago compañía y, de paso, tengo un poco de tranquilidad. Cuando llego me siento como en casa. Qué paz. Qué alegría volver. Hablando, hablando, decido que sí, efectivamente, tengo que encontrar otro piso. Matteo y Davide, cuando quieren, son unos chicos geniales, como dos hermanos pequeños, pero como todos los hermanos pequeños, tocan un poco las narices. Les he cogido muchísimo cariño, pero una cosa no quita la otra, así que con consejos de Lorenzo y la incondicional ayuda de Ilaria nos ponemos manos a la obra.

El sábado para comer: tortilla de patata. ¡Cómo me presta estar con mi tío! Cocinar juntos, hablar un montón, estudiar y relajarnos. Un café y otra vez al estudio. Bastante productivo. Por la noche intento ir con Ilaria a ver un espectáculo de tango, pero desgraciadamente no quedan entradas, así que le invito a “mi” casa, donde encontramos a Lorenzo que se acaba de despertar de la siesta. Cocino pasta para dos italianos, y así, improvisado, se convierte en una agradable velada, con mi querida Ilaria y mi incondicional Lorenzo tocando la guitarra. Cómo lo echada de menos.

Al día siguiente me espera una verdadera comida dominguera. Antonio, un compañero de storia romana, mayorcito, me invita a comer a su casa, en un pueblo cerca de Lecce, con su mujer y sus dos hijas, dos niñas de lo más simpáticas. Es una casa preciosa y disfruto mogollón comiendo en buena compañía, viendo desde dentro una familia italiana que me parece que no es el ideal tradicional del sur. Antipasti, rizzoto, frutos secos, naranjas, tiramisú, café. Me enseñan fotos de Córcega y Sardeña. Hablamos de mil cosas interesantes. Y por la tarde me vuelvo al estudio. 

El lunes estudio, estudio, estudio, todo el día, sin a penas salir de casa, y por la noche vienen los amigos de Lorenzo a jugar al póker. El primero en llegar es Roberto, el que había ido con nosotros a Barcelona. Me presta mogollón verlo. Lo primero que hace es proponerme otro viaje, sabe perfectamente que diré que sí, aunque al final no es posible. La timba me presta un montón. Estrellita, Estrellita.

Al día siguiente me vuelvo a mi casa. Cuatro días fuera y cuando vuelvo me reciben con un “ciao” de lo más seco. ¿Por qué he vuelto? ¡¡Agg!! Con lo bien que estaba con Lorenzo. Entro en mi habitación y veo que el moho, finalmente, ha invadido mi espacio. Definitivamente, tengo que cambiar de piso. Hablo con el casero y poco más me echa a mí la culpa del moho. Pero bueno, si yo vengo de un sitio húmedo, sé perfectamente que la habitación hay que airearla. Me acuerdo de que lo primero que le pregunté al casero cuando vine a ver el piso fue si había mucha humedad. “No, no” ¡Ja! Claro que no. Entonces el moho sale para hacerme compañía, ¿no? ¡Qué solidario!
Por la noche no puedo más,  no aguanto en casa. Entre la televisión y el moho me están echando, así que me hago una escapadita a casa de Ilaria a contarle mis penas. Después, cuando me vuelvo, hay tanta niebla que no veo las calles, y llegado un momento, no sé por dónde tengo que seguir. Me veo obligada a preguntar porque me siento perdida. ¡Qué angustia! Menos mal que encuentro a una pareja que me indica el camino. La chica, toda preocupada, me dice: “pero ten mucho cuidado, que hay mucha niebla y los coches van muy rápido” Llego sana y salva a casa a pesar de los miedos de la simpática italiana.

El jueves es, por fin, el examen de archeologia. Estoy súper nerviosa. Me como todas las uñas. Tengo un nudo en el estómago. Llego casi una hora antes al examen y encima la profesora llega tarde. Qué tensión. Dado que los exámenes son orales, y somos solamente tres para ser examinadas, entramos juntas en el aula. Mi ansiedad aumenta mientras las otras dos hacen el examen. Estoy al borde del llanto porque me bloqueo, me da la sensación de que no sé nada. Nunca había pasado tanto miedo antes de un examen. Por fin, llega mi turno. La profesora me tranquiliza. Yo no quiero hacer el examen, pero ella me anima. “Mujer, no pretendo que sepas todo hasta el más mínimo detalle, soy consciente de que los textos no eran precisamente fáciles y no eres italiana.” Uff. Poco a poco empiezo a hablar y me tranquilizo. Hago bien el examen aunque la nota que me pone no me la merezco. En fin, de vez en cuando no está mal que te echen una mano.

Después, me acerco a mi teatro para hablar con el profe y decirle que lo dejo, pero no está. Estos italianos… Así que me voy al Formicaio, donde me veré con Ilaria. Hoy se proyecta un documental sobre los transgénicos muy interesante: “Le monde selon Monsanto” Una fábrica americana que quiere monopolizar los cultivos, y poco a poco, ejerciendo una técnica que parece propia de las SS, se va cargando a todos los pequeños propietarios y los subyuga, obligándoles a utilizar las semillas que ellos fabrican. Se me revuelve el estómago. 

El viernes por fin voy a Alberobello, con Julie und Daniel. Será nuestro último viajecillo juntos, ya que Julie la semana que viene se va a Estados Unidos, y luego se vuelve a Alemania. 


Alberobello es un pueblo precioso, con casas de época prehistórica que se construyen sin cemento y aún están en pie, se llaman “trulli” y parecen de cuento de hadas. Si en cualquier momento se nos apareciese un duendecillo no me hubiese sorprendido lo más mínimo. Aunque en vez de duendecillos, lo que vimos fue alberobeses con ganas de turistas, que no nos quitaban los ojos de encima: entra, observa, compra. Para comer un trozo de pizza nos las vimos y las deseamos. Al final nos conformamos con un poco de “empanada”.

Por la tarde pretendía ir a ver “Sueño de una noche de verano” con Ilaria, pero, otra vez, no quedaban entradas; así que me quedo en casa y paso una divertida velada con Matteo y Davide. Hacía tiempo que no nos lo pasábamos tan bien juntos. Y cuando estábamos pensando en irnos a dormir, llaman al telefonillo. Los amigos de Matteo, de su pueblo, nos invaden. Podrían ser perfectamente un grupo de gente de Oviñana.
El sábado me espera una fiesta doble. Primero en casa de las francesas y Katy, y después en casa de Julie y Daniel. Cuando llego a la segunda fiesta, Davide me dice: “Matteo y yo no tenemos llaves, así que déjanos las tuyas.” Con lo cual, me quedo sin poder volver a casa, pero me apropio de la cama de Julie y al día siguiente, cuando me despierto, veo las horribles consecuencias de hacer una fiesta de despedida. ¡Cuánta porquería producimos!

Llego a casa muerta por la noche anterior, pero tengo poco tiempo para reposarme ya que a las seis me tengo que ir a Piazza Santo Oronzo, donde se hace una manifestación de lucha de las mujeres italianas, en protesta a la sociedad machista y sobretodo pidiendo la dimisión de Berlusconi, que es uno de los mayores degradadores de la imagen femenina. Durante la mani, conozco a Ippolito, un actor y director del que me habían hablado. Sin pensármelo mucho, me presento y le pregunto sobre teatro, qué hacer, dónde. Me da su email y me dice que le envíe el mío y que me mantendrá informada. ¡Bien! Poco a poco la vida se va reorganizando. 

Cuando acaba la mani, me voy con Ilaria y con Rocco, ya que Ilaria me ofrece llevarme hasta casa, absurdo porque llego antes andando, pero ya que estamos, damos una vuelta. De camino al coche, nos encontramos con Óscar, que está dibujando en la calle, una de sus actividades de los domingos. La verdad que hacen un trabajo magnífico, verdaderamente impresionante.

Cuando llegamos a mi casa, subimos “cinco minutos” y nos pasamos unas dos horas hablando, pensando en cambiar el mundo. Después me dice Ilaria, venga, acompáñame a llevar a Rocco, lo cual se convierte en cenar en su casa una rica pasta con rucula, dibujar, pintar, hablar… y al final hasta nos quedamos a dormir allí. Si esta gente es casi tan liante como los santiagueses.

El lunes empieza una nueva semana. Me vuelvo con Ilaria a casa, le invito a un café y eso se convierte en otras tres horas de conversación. Cuando nos juntamos no callamos, tantas ideas, tantas impresiones, tantas ganas de cambiar las cosas. Y en medio de una interesante conversación sobre la educación, aparecen Rosalinda y Valeria, qua han decidido pasarse a hacer una visita. ¡Qué ilusión! Hacía casi dos meses que no las veía.

La tarde del lunes es de lo más monótona. Sin saber el porqué, me paso todo el día con un dolor de cabeza impresionante. Así que no soy capaz de terminar de escribir la bitácora, y la termino hoy, en la jornada de un martes en la que no tengo demasiadas cosas que hacer, excepto una rica cena que haré esta noche con Julie y Daniel: pollo al curry, ¡qué ganas de cocinar!

mercoledì 26 gennaio 2011

Bitácora: Capítulo VIII

Retornamos después de las fiestas de nuestra cristiana natividad. Volvemos a la Católica Italia, donde el más comunista alternativo te da felicidades por el Año nuevo y te pregunta por las fiestas. Aquí la tradición de las uvas no existe, sino que comen lentejas y patas de cerdo, para llamar al dinero, dicen.

Vuelvo con el recuerdo que me había quedado de la última manifestación. 14 de diciembre en Roma. Una manifestación como jamás había visto. Una auténtica guerra civil en la que manifestantes y policía se enfrentan cara a cara con heridos en ambos flancos. Guerrilla revolucionaria. Y yo, sin poder evitarlo, me encuentro en medio. Feliz,
en primera línea de fuego, aunque con precaución, que nunca está de más.
Sin embargo, el año nuevo empieza más tranquilo, sin manifestaciones violentas y con el deber del estudiante acechando.

La primera cosa que hago al llegar el sábado es ir al Paolone, ¡cómo no! para ver a Kuba y Magda, mis polacos preferidos. Todos habíamos echado mucho de menos Lecce. 

El martes 11 de enero tengo un control de storia greca, durante el cual me dan la nota del anterior examencillo. Voy a recibir el resultado un poco nerviosa, dado que era el primer  examen que había hecho en italiano, sin embargo, descubro que mis miedos eran infundados ya que hasta la profesora me da la enhorabuena. Está muy bien, felicidades. Tienes un 26/30. ¿Veintiséis? Mis colegas italianas, la mayoría suspensas, alucinan. ¿Cómo es posible que tú, la compagna spagnola, hayas sacado mejor nota que nosotras? Alucinante. Aunque, como todo, tiene una explicación, ya que para ellos es su primer año de carrera y ya sea en España o en Italia, tres años de facultad te dan una pequeña experiencia en lo que se dice hacer exámenes y aprender a estudiar. Así que, contentísima, hago el otro examen, que saldrá con geniales resultados: 30/30 y la enhorabuena de la profesora, esta vez me dice: estaba francamente bien. Me muero de la alegría, pero, sin embargo, me pregunto ¿no me estará dando notas de más por ser Erasmus? Así que le pregunto a gente de otros años, que conocen mejor a los profesores, y desmienten mis pensamientos. No te preocupes, la Frisone es una mujer justa, y si te tuviese que inflar la nota, lo haría en el final. No puedo más que llenarme de orgullo.

Se está acabando el período de clases, y por causa de la huelga de profesores y la nuestra, ahora tenemos una sobrecarga horaria que no me deja ni respirar, me paso de las 8 de la mañana a las 5 de la tarde en la facultad, y luego, teatro, asambleas… Ni tiempo para respirar.

Menos mal que me he traído mi cafetera, porque con el minúsculo tamaño de las italianas y este ritmo de vida, tendría que hacerme veinte cafeteras al día.

La semana siguiente me espera un examen de storia romana que me tiene muy preocupada, ya que me han dicho que el profesor es muy exigente, y el libro que tengo para estudiar es ilegible, enrevesado y en un italiano muy formal. Que por cierto, aquí en la universidad usan libros de texto, como en el cole.

¡Qué semana! ¡Qué nervios! Sin embargo, el miércoles las ganas de ver a Kersten y a los otros erasmus son superiores al miedo al examen y me hago una escapadita al semanal concierto de los miércoles: jazz al Coffee and Cigarettes. Me sienta genial ir, me doy cuenta de que echaba mucho de menos a mis queridos erasmus internacionales. Sin embargo, la idea de la obligación de estudiar y el miedo al examen son superiores a mí y me voy muy temprano a casa.

El jueves me encuentro con Giuliano, que se va a Tailandia un mes. Te echaré de menos Giulià. Vete a visitar a Lorenzo que estará solo. ¡Por supuesto, lo haré! Así que la semana siguiente me voy a comer una riquísima lasagna que Lorenzo me hace con amor, ya que mami no me pudo hacer comidita por mi cumple, me la hace el TíoLorenzo.

El sábado voy a ver a Andrea que toca en un bar semiheavy. Nadie hace pogo, soy la única que da la nota, como siempre. Voy, como no, con Julie y Daniel, mis queridos alemanes, con ellos está Wolfang, un simpático amigo de Daniel que ha escapado del invierno germano durante al menos tres semanas.

El concierto bastante bien, no puedo evitar recordar a mi preciado Lethal en sus inicios. Para no abandonar las tradiciones, me llevo una baqueta de recuerdo que el batería me da con todas las ganas, seguro que es la primera vez que le pide una baqueta una loca española que ha estado pogueando sola, en primera fila, en uno de sus conciertos debut.

El domingo estamos casi obligados a ir a la Focara, un evento que hay una vez al año típico de esta región. En un pueblo a diez minutos de Lecce se hace una hoguera inmensa, y cuando digo inmensa no hablo de las grandes hogueras de panxoán, sino de una hoguera de la altura de un edificio. Allí se hacen conciertos durante varios días, aunque nosotros vamos solo el día del Señor. Tomo la decisión de ir a las diez de la noche, junto con Diego, un español de León, ya que, como toda esa semana y media, seguía con el examen de storia romana en mente; sin embargo hago bien en ir, aunque solo sea para ver la magnitud de tal hoguera y para encontrarme con mis compañeros de la ocupación del Ateneo. Sin prepararlo, sin saberlo, de repente hay un frente de chavales del Ateneo Occupato que se reencuentran alrededor del fuego y la música. Precioso. Hay trenes a propósito durante toda la noche (en Italia la noche acaba a las 3 de la mañana, pero casi mejor, que es domingo) Un evento realmente digno de ver.

Empieza la semana más estresante de mi vida lechera. Mil clases y el viernes tengo el examen de historia romana, duermo fatal, del cansancio, una tarde me quedo dormida en un aula estudiando. El jueves hay fiesta en el Ateneo y yo no puedo ir. El razonamiento de mis compañeros es: mujer, vente a la fiesta, ya harás el examen otro día. Obviamente, mamáCons no puede razonar así, con lo cual el viernes a las nueve de la mañana, puntual, estoy en la puerta del despacho del profesor preparada, o no, para hacer mi primer examen oficial, y oral, en italiano. Cuál es mi sorpresa- sí, las vacaciones me habían hecho olvidar esta mi querida Italia- cuando veo al profesor aparecer a las nueve y media. Hasta aproximadamente las 10:30 no me recibe para el examen, y anonadada, veo como me invita a un café. ¿Pero es esto serio? Primera pregunta del examen: ¿Quién es Constanza? Mi respuesta: yo. Muy bien, y ¿quién es Constanza? Segunda respuesta: el femenino de Constanzo. ¿Y quién es Constanzo? Siguiente pregunta ¿qué personaje te ha gustado más? ¡¿Qué?! ¿Es esto un examen? Julio César, ¿por qué?  Porque me gustan mucho los cómics de Astérix. Diez minutos más de examen y un veintiséis. ¡Ala! Primer examen erasmus, y con uno de los profesores más “exigentes” Una de dos, o los italianos no saben lo que significa el término exigencia, o el profe acababa de tener un nieto. Chi lo sa…

Y yo que me había pasado una semana estresante y había dejado de hacer un montón de cosas y me encuentro con esta extraña seriedad. ScheiBe!

Para celebrar el primer examen hacemos una fiesta de disfraces en casa, obviamente, tenía que festejar mi cumpleaños a la santiaguesa. Muy divertida, con muchos litros de sangría y una gran variedad de nacionalidades. Sin embargo, un poco decepcionada veo que lo del disfraz no cuaja demasiado, solamente los del piso y Julia und Daniel acompañados de su amigo Wolf, vienen disfrazados. Sin saber casi cómo, me encuentro a horas intempestivas volviendo a casa, después de haberme colado ilegalmente en el anfiteatro y haberme tomado un café en casa de mis queridos alemanes. Totalmente santiaguil la noche. El sábado es un día casi inexistente, y el domingo voy a ver a mi querido Roberto. Un semiperroflauta italiano que se dedica a hacer pulseras y pendientes y venderlos en la calle. Es genial, y me regala un pendiente enorme con una divinidad maya.
Y el lunes por fin le hago la prometida paella a un tal Francesco, aquel italiano con el que no tengo a penas tema de conversación. Aunque el pobre hombre no sepa hablar conmigo más que de comida, me divierte poder cocinar algo más allá de la pasta y la comida para una sola.

Al día siguiente, el mismo día que termino de escribir este capítulo, voy a clase de literatura griega y por fin consigo calmarme ya que el profesor me dice que con tal de que en el examen le demuestre un buen conocimiento del griego y de las obras basta, que si tengo problemas en el traducir del griego al italiano, nos apañamos. Por la tarde tengo clase de storia greca y al salir me encuentro con una parte de los ocupantes y vamos a boicotear un evento de tintes fascistas. Las maneras no me gustan, no es el Ateneo occupato el que está en cabeza de esta manifestación y se nota. Hacemos lo que se dice “una brutta figura” porque se dedican a gritar tonterías sin sentido y cuando les dan la posibilidad de hacer una intervención su respuesta es irse. ¡Qué pena que tantas veces la izquierda peque de lo mismo que la derecha! Después voy con Ilaria, la milanesa lechese, a una organización, asociación, especie de mercadillo de trueque donde puedes llevar o coger lo que gustes y me hago con un par de jerseys de lo más retro para combatir la “brutta stazione”, como decían los griegos. Además mantengo una conversación de lo más interesante sobre el ser vegetariano o vegano y el respeto a los animales. En medio de la conversación llega un chico senegalés un poco borracho que tras pedir un par de pantalones nos cuenta los desastres de su vida y nuestras caras se caen de la vergüenza al ser conscientes con su historia de la intolerancia de la desarrollada Europa que les vende el paraíso y luego les apalea. Hombre blanco, lengua de serpiente.

sabato 1 gennaio 2011

Balance 2010


Recuerdo en estos momentos las clases del insti de Agustín Fernández Paz. Como amaba tanto la literatura de vez en cuando nos hacía escribir cosas, uno de los ejercicios que habíamos hecho se llamaba “Gústame, non me gusta”. Con motivo del fin del año e inicio del 2011, con una preciosa resaca que supongo será global, voy a hacer una pequeña recapitulación de lo que fue el 2010 al estilo “gústame, non me gusta” desviándome un poco de la temática de la Bitácora, aunque solo en parte, porque, al fin y al cabo, la vida misma es una travesía.



Gustoume, non me gustou

Gustoume inicialo 2010 indo a Oviedo. Non me gustou chegar case sen dormir.
Gustoume a festa Marvel con Arrianem de Lesbos. Non me gustou ir no ALSA coa cara verde.
Gustoume o bombín que me regalaron as de Vigo. Non me gustou que me quedase grande.
Gustoume Raskolnikov. Non me gustou non ler máis.
Gustoume vivir un ano máis en Santiago. Non me gustaron as discusións.
Gustoume iniciala obra de Apolo e Dafne. Non me gustou deixala.
Gustoume ensinarlles a droga do teatro a Oscar e Hentschel. Non me gustou non ir ao Rocky todos xuntos.
Gustoume escoitar cada luns a Ricardo. Non me gustou deixar de facelo.
Gustoume disfrutar con Dani de perdelo tempo. Non me gustou encontralo sen sorriso.
Gustoume telo carnet. Non me gustou conducir por Vigo.
Gustoume ter unha familia política. Non me gustou distanciarme.
Gustoume entrar en Non Sì?. Non me gustaron as dificultades.
Gustoume descubrir Santart. Non me gustaron as actitudes infantís.
Gustáronme as festas en casa. Non me gustou recoller ao día seguinte.
Gustoume regalarlle o meu tempo a quen quería. Non me gustou que o escachara.
Gustáronme as ceas comunales. Non me gustaba limpalo salón.
Gustoume afianzala amizade cos de Santiago. Non me gustaron os malentendidos.
Gustoume o curso de bufón. Non me gustou dormir dúas horas.
Gustoume a escapada con María. Non me gustou mollarme na autoestrada.
Gustoume velas Violadoras xuntas. Non me gustou non repetilo.
Gustoume ver a Mashkie en concerto. Non me gustou recordar que a amizade non é eterna.
Gustábame volver os venres a casa. Non me gustou que me deixase de gustar.
Gustoume ser pitufo por un día. Non me gustou a xente non disfrazada.
Gustoume a Gala dos Óscars. Non me gustou non telo video.
Gustáronme os domingos no ATSA con Ana. Non me gustaba chegar tan tarde a casa.
Gustábame ir a Pontevedra despois do ensaio. Non me gustaba erguerme o luns.
Gustáronme as tantas noites de Santiago. Non me gustaron as resacas.
Gustoume Bonaval. Non me gustou ir tan pouco.
Gustoume a Comparada. Non me gustou rematar as súas prácticas.
Gustoume a choiva de Santiago. Non me gustaba non facela fotosíntese.
Gustoume que os friklásicos se abrisen un pouco más. Non me gustou non disfrutalo a fondo.
Gustoume xogar con Shakespeare. Non me gustou a despedida.
Gustoume Pontevedra. Non me gustou odiala.
Gustábame cociñar con Sandro. Non me gustou discutir.
Gustoume esquiar en Baqueira. Non me gustou non atopalo rei.
Gustoume San Pedro baleiro. Non me gustou non ir máis.
Gustoume posar para él. Non me gustou facelo tan pouco.
Gustoume Oviñana en inverno. Non me gustou estar lonxe.
Gustoume coñecer mellor ao Infeliz. Non me gustou ver afastarse amizades de sempre.  
Gustoume rencontrala Chupipandi. Non me gustou vela incompleta.
Gustoume ter a Laura en Santiago. Non me gustou a brevidade.
Gustoume namorarme. Non me gustou o final.
Gustoume Ortigueira. Non me gustou o mundial.
Gustoume Mallorca. Non me gustou a calor.
Gustoume bañarme coa lúa. Non me gustou a edificación na costa.
Gustáronme os coellos de Isma. Non me gustou o riesgo.
Gustoume o estrambotismo de Bruno. Non me gustou ir ao tren.
Gustáronme as escapadas a Ourense. Non me gustou a cachada.
Gustáronme as rutas en Ons. Non me gustou o frío.
Gustoume actuar na rúa. Non me gustou perdela voz.
Gustoume Motorhead. Non me gustou chorar.
Gustoume estar con Dani en Lugo e Castropol. Non me gustou que o Alsa me abandoase.
Gustoume chegar a Oviñana en camión. Non me gustou esperar na autoestrada.
Gustoume o novo agosto. Non me gustou o resultado.
Gustoume o Ecofarriego. Non me gustou o chismefarriego.
Gustoume a Lisboa brasileira. Non me gustou a viaxe de volta.
Gustoume irme de Erasmus. Non me gustou volver polo Nadal.
Gustoume descubrir Lecce e o Ateneo. Non me gustou desocupar.
Gustoume aprender alemán. Non me gustou non aprender máis.
Gustoume a paréntesis a Barna e Santiago. Non me gustou o metro.
Gustoume a loita política. Non me gustou a resposta.
Gustoume a mani en Roma. Non me gustou o lacrimóxeno.
Gustoume ver a Celia en Madrid. Non me gustou marchar tan pronto.
Gustoume o rencontro en Santiago. Non me gustou volver a Vigo.
Gustoume ir a Siniestro con Encito. Non me gustou a afonía.
Gustoume o fin de ano. Non me gustou espertar.

Gustoume vivir ao máximo, pero non me chegou o tempo.




martedì 21 dicembre 2010

Bitácora: Capítulo VII

Después de un par de semanas sin dar señales de vida retomo mi Bitácora. No es que me haya vencido la pereza u os haya olvidado. Con mi relato comprenderéis el porqué de la tardanza.

Intentaré hacer memoria, porque se ha abierto un paréntesis en mi vida lechera, un antes y un después tras el jueves 25 de noviembre.

La semana del 15 comienza bastante normal. Un poco de tensión en casa, pero nada importante. Como con Giuliano cuando no tengo tiempo para ir a casa o me llevo un bocata a la facultad. Muchas horas de clase. Poco tiempo de reposo. Casi no veo a Matteo y a Davide. 




El martes me voy a tomar algo con un italiano que conocí por la facultad, pero siendo inteligente, me llevo la escolta. Pacto con Letizia- una compañera de storia greca- que si me da la vara, ella se acerca y me salva. Sin embargo, no hace falta. El tío es simpático, aunque no tenemos ninguna cosa en común. Para mostrar su hombría viene a buscarme a casa en coche, cosa totalmente absurda ya que vive a diez minutos, y vamos a Porta San Biaggio, que está a otros diez. Método italiano, se creen que por tener coche ganan puntos. Al pobre le salió el tiro por la culata, ya que se encontró con una ecologista a la que el uso sin sentido del coche no le conquista, sino que le espanta.

Por cierto, in Italia, cada vez que se pide una bebida o se rellena el vaso, se debe brindar mirando a los ojos del otro. Es una cuestión de honor. Dicen, hay gente que por no hacerlo ha acabado muerta.

La semana pasa, teatro, comenzamos con comedia del arte. Me encanta, pero mis compañeros son extremadamente indisciplinados. Hay un grupo de tres adultos –sí, hasta los treinta no se es adulto- que siempre llega diez minutos tarde y se va diez minutos antes. Para mi sorpresa, aseguran ser puntuales y respetar los horarios. ¿Será que la verdadera puntualidad es llegar diez minutos después?

Davide el miércoles se vuelve al paese. Nos quedamos solos Matteo y yo. Matteo se alimenta a base de pizza si no estamos nosotros para cocinarle. Come mai? ¡Después de un año viviendo fuera de casa, y no sabe ni hacer pasta! Como se siente solo, viene su amigo Alessio a visitarlo. Dios mío, que maldición, ¿por qué me haces esto, Diosa Burlona? El hombre es simpático, pero solo piensa en mujeres y su género musical preferido es la cutremúsica. Durante dos días tengo que soportar todo tipo de comentarios respecto a mi persona con banda sonora de discoteca schifosa. La gota que colma el vaso es cuando me suelta su análisis filosófico sobre mi manera de vestir: “Yo te he visto poco, pero no necesito mucho más para saber como eres. Tú no tienes personalidad, te vistes así para gustarle a la gente, para que te miren, pero en realidad preferirías vestirte de pija, con tacones y perlitas.”

Anonadada. Sin palabras. Me han dicho de todo en esta vida, pero jamás algo así. Tal vez tengo que hacerle caso, en el fondo quiero ser una pija más pero aún no lo he descubierto. Al menos ahora, gracias al gran psicólogo Alessio, me resultará más fácil descubrir mi propia personalidad. Ti ringrazio.

El jueves Matteo se ofende un poco porque no quiero ir con él y con Alessio el magnífico a la “estupenda” discoteca Dr. Jekill. Su argumento es digno de ser escrito: te traigo a un amigo y tú te vas a una fiesta erasmus. Perdón, no sabía que me lo habías traído a mí

Me voy a la fiesta erasmus, la última a la que iré, al menos eso me prometo. Pero esta es especial dado que Emanuelle- nuestro chico erasmus- el sábado se va a España. Allá vamos. Música cutre, pero al menos hacemos un poco el tonto, bailamos. Llegan italianos, nunca faltan en las fiestas erasmus. Los que van de caza. Ingenuos, no saben que la presa muerde. Me empieza a hablar uno y le tomo el pelo descaradamente. Me hago pasar por alemana diciendo cada poco kartofen, überraschung… El pobre se lo cree, y una semana después descubre que le estuve prendendo in giro toda la noche. Pobriño.


Al día siguiente curso de pizzica. Me hago una dura promesa: relajar los jueves nait, porque sino el viernes muero en pizzica. Después de la clase quedo con Anca y vamos con los de mi curso que tocan en Piazza Santo Oronzzo. Una comitiva improvisada. Música maestro, y a cantar, y a bailar. Bailo durante tres horas sin parar. Adivinan que hago teatro dado que no paro de hacer mis pequeñas representaciones absurdas. Se me pasa el tiempo volando. Entre bailar y hacer el imbécil llega medianoche. 


Nos vamos a dormir, que mañana madrugamos. Sábado. Anca, Pierre y yo nos vamos en bici a la playa. Unos veinticinco kilómetros que nos hacemos en la jornada. Veinte de noviembre, el Adriático y una loca en el agua. La menda, ¿quién si no? 





Pierre toca el tamburello y yo bailo, descalza, con las olas del mar. Precioso. Parece que estamos los tres solos, fuera del mundo, en total equilibrio con la naturaleza. Le cantamos al mar. Nos unimos con él. 

He conquistado al pobre francés con mi baile a San Cataldo, así que por la noche me propone, como si fuese de casualidad, ir a cenar juntos. Acepto, y hago bien porque a parte de practicar un poco de francés, me lleva a una trattoria cero turística, barata y donde se come muy bien y te dan un buen vino casero. Descubro que es cocinero y por eso está informado de los buenos sitios. Nota mental, aceptar siempre sus consejos culinarios.




La vida transcurre cotidianamente. Sin alteraciones de mayor importancia…

Vuelvo a ver la televisión porque descubro un orador impresionante. Saviano, el autor del libro Gomorra, cada lunes habla por la tele y yo soy su más adepta seguidora. Cuando habla tiene la presencia de Javier, mi querido profesor de comparada. Me recuerda a él y cada lunes es como asistir a una clase de esas con alma que tanto echo de menos. Aunque los temas de Saviano nada tienen que ver con la literatura, sino con la mafia.

En el supermercado de al lado de casa me tratan muy bien. El carnicero me da su número y me regala un filete, el frutero me hace una rebaja en los plátanos, el cajero me abre el supermercado antes de la hora solo para mí y cada vez que me ve entrar por la puerta se presenta para llevarme las cosas o lo que yo quiera. La charcutera me hace probar todos los jamones para que encuentre uno a la altura del español. Un día hasta me invitan a un café.

Descubro con alegría una especia de chorizo. Sin embargo es demasiado picante. Pasta sí, pero el embutido mejor en España. 

Y hablando de comida, está prohibido comer la pasta con el pan.

Por fin jueves veinticinco.

Llego un poco tarde a clase de storia greca y me encuentro a la profesora dando un mitin a los alumnos. Basta de Grecia. Hablemos de una cosa en este momento mucho más importante. El corrupto gobierno de Berlusconi y el derecho a la protesta estudiantil. Contra la privatización y el DDL Gelmini. La profesora Frisone es toda una revolucionaria. Yo ya lo había intuido. Así, de manera totalmente aplaudible, decide que nosotros haremos nuestra propia protesta: daremos la lección en las escaleras de la entrada del Ateneo (el edificio donde  tenemos clase). 

Y, así, inicia mi vida política en Lecce.


Mientras tenemos la clase revolucionaria, se acerca un chico y anuncia que a las tres al Tabbachi (otro de los edificios de la universidad) se hará una asamblea. Soy la primera en llegar. De pronto oigo: Ei Costansa! Me giro. ¿Y tú quién eres? Mirco, ¿te acuerdas? Anda, Mirco. Mirco, me acuerdo. Mirco, el chico al que Federica le dio mi número para informarme de asambleas y demás movilizaciones políticas y que aún no lo había hecho ni una sola vez. Mirco, sí, el que sin embargo me había enviado un montón de mensajes para vernos. Mirco, si hasta había olvidado su cara. Mira tú, Mirco, al fin me ves y precisamente en el ámbito que yo quería que me vieses. Mirco, el pijo del movimiento que se llamará “Ateneo Occupato”. Mirco, el prototipo de italiano a la enésima potencia. Sí, todo eso y más. Pero, al fin y al cabo, Mirco se convertirá en un buen camarada. Mirco, siempre alegre y cantarín.
A propósito, aquí si a alguno le llamas camarada eres de derechas. Y la homosexualidad es una enfermedad o un insulto. Hasta incluso para las personas más abiertas de extrema izquierda.

Después de la asamblea, regularmente empezada con una hora de retraso, vamos en comitiva con la pancarta a parar el tráfico. Después entramos en el Ateneo e inicia la ocupación. 


Estoy en el movimiento desde el primer minuto. En el Aula Magna hacemos otra asamblea para informarnos mejor y organizarnos. Hago mi primera intervención. La noche la pasamos en el Ateneo. Empiezo a conocer a la gente poco a poco. ¿Y tú por qué estás aquí? Porque, como he dicho en la asamblea, para mí esto es una causa internacional, y, ¿para qué os voy a mentir? llevo en la sangre el amor a la política y a la movilización. Recuerdo las manifas contra a privatización. Mamá, no me hagas explicarte el porqué si la culpa es vuestra.

Y así se inicia mi nueva vida en Lecce. Trece días de ocupación del Ateneo, durmiendo en el suelo y haciendo servicio de orden veinticuatro horas. De trece, he dormido uno en casa. Me convierto rápidamente en una parte integrante del movimiento, me tienen en cuenta y me escuchan. Soy la compagna spagnola. Spagna me llaman. 

Poco a poco voy haciendo amistad con todos, gente increíble. Me siento en casa.

En el plano político, hacemos una manifestación en el rectorado. Salgo en la TV en primera fila, con el puño en alto. La policía descubre que hay una española en el cortejo y me dan la enhorabuena por mi buen italiano. Surrealista.


Colgamos una bandera en porta Rudiae con el lema Ateneo Okkupato.















Martes, una manifestación de cuatro mil personas. Lo nunca visto en Lecce. Tenemos un éxito brutal. Ocupamos el anfiteatro.


 





                            
 

Por la tarde vamos a la estación y retrasamos la salida de un tren. 








Y así, una serie de iniciativas. Trece días de movimiento, de convivencia con italianos veinticuatro horas. Poco a poco pierdo el miedo e intervengo en las asambleas. Me voy haciendo pequeños discursos. Debatimos de política. Aprendo a usar el condicional, tiempo verbal esencial en las izquierdas.





Hago mi propia lucha contra el machismo y en pro del reciclaje.

Mi vida ya no será la misma en Lecce. Ya no soy Erasmus, soy yo, la compagna Costansa.

Los italianos no tienen ni idea de geografía y se piensan que el catalán es un dialecto. Así que, cada vez que uno me pregunta de dónde soy le tengo que dar una lección express de geografía y hablarles de cómo se divide la dividida España, cuales son sus lenguas y un largo etcétera de lagunas por cubrir.


En el Ateneo hay personas increíbles. Un Pol. Y no hablo del pulpo. Un chico con gafas, pelo negro, estatura media, delgadito… Me impresiona porque se parecen extremadamente. Es el primer amigo que hago, ya que mi subconsciente me lleva a pensar, que ya que por fuera es como Pol, por dentro me caerá bien. Y efectivamente. Se hace llamar comandante Fuser y es un enamorado del Che. Comunista radical. Hacemos migas fácilmente.

No podría escribir sobre todas las personas que he conocido estos días, porque son demasiados, pero sí puedo decir que ha sido una experiencia maravillosa. Descubrir que tengo la capacidad de expresarme en italiano hasta para un debate político me llena de orgullo.
 
Conozco a un chico que destaca sobre los demás, aunque no por eso el resto es menos importante. Aunque primero debería hablar de Marco, hombre con carisma y fuerza. Con el megáfono en la mano mueve masas enteras. Y me hace un elogio, que viniendo de él tiene mucho más valor. Me dice que le he tocado y sorprendido. Que estoy desde el primer momento en el movimiento y que lo admira. Mi autoestima no puede dejar de elevarse.









Pero a lo que iba, el mejor descubrimiento de estos días, en el plano socializar ha sido probablemente Lorenzo. Un chico alto, cosa muy poco habitual en Italia, con el pelo largo y pies grandes. Rastas. Estudia árabe así que me da una clase de introducción. Simpatiquísimo. Sabe un poco de español y quiere aprender más. Vale, me dice. Mi profesor de italiano personal. En las asambleas tiene la costumbre de leerme el pensamiento y decir lo que yo tengo en la punta de la lengua. Juntos nos encargamos de tocar un poco las narices con el reciclaje. Siempre que tengo una duda me la resuelve. Fotógrafo y también músico. Toca la guitarra, y una noche toca para mí. Introvertido. Descubro que le gustan los comics. Que de vez en cuando dibuja…

Me parece que ya he conocido a su doble.

Otro echo inolvidable. Lorenzo, el otro Lorenzo, me había enseñado hace casi dos meses una canción italiana muy poco famosa que ningún italiano de los que había conocido hasta el momento sabía. Y el otro día, mientras estaba hablando con otro rastas, escucho a Flabio cantar “compran oro e rubanno amor…” De un salto me pongo a su lado e iniciamos a cantar como locos. Nuestra amistad se hace fuerte en ese momento, y poco después descubro que él también hacía judo.

Y Lorenzo, para ser aún más genial, sabe tocar esa misma canción.  Yo también quiero tocar un poco pero descubro, con tristeza, que no me acuerdo de nada.

La ocupación se acaba, pero la lucha continúa. Tenemos en nuestro poder una planta del Ateneo y ahí nos organizamos, aunque las iniciativas decaen porque faltan las fuerzas. Estamos todos cansados y hacemos la imagen típica de las izquierdas. Asambleas en las que no se llega a una koinè, y cometeremos el mismo error que las izquierdas en la guerra civil española. Perdemos horas y horas hablando de lo mismo y nos faltan oídos para escuchar. Cada uno con su postura y no cede. Magari… magari… poco a poco llegamos al punto medio. Pese a todo, las cosas salen adelante.

Me siento viva, me siento llena, me siento que por fin he encontrado mi espacio en Lecce.


Para concluir. El martes (osease, ayer) hicimos una cena de “Navidad” con los Erasmus, que, cómo no, organicé yo. Gracias a la diosa Burlona recibí ayuda de Tonio, un italiano, y Riccardo, el otro chico erasmus. Un cena de 73 personas, que se dice pronto. Comimos genial y por primera vez en Lecce me puse tacones. 



  Jugando a ser mujer por un día.

giovedì 16 dicembre 2010

Bitácora: Capítulo VI

Continúan las andanzas. Empieza el curso de verdad y no tengo mucho tiempo. ¡Qué felicidad! ¡Qué no parar!



Clases por la mañana. Madrugones. Mi cuerpo no está acostumbrado. Entre dos años de vivalalaif de Santiago con clases por la tarde, y casi cuatro meses de vacaciones, el retomar el ritmo de clases matinales me cuesta un poco. Al principio no soy capaz de irme a dormir temprano. Poco a poco me acostumbro a ver la luz de las 7:30 y no por volver de fiesta.




Mis profesores son agradables, pero el hecho de ser Erasmus no les hace ser más blandos. Sólo la simpática y tardona profesora de Archeologia se preocupa un poco por mi bienestar erásmico.

Los horarios de lecciones coinciden y extrañamente, en algunas asignaturas es importante la asistencia. Soy, seguramente, la única Erasmus a la que le controlan la presencia. Pero bueno, en esto son comprensivos y entienden el hecho de que mi clonación aún no haya sido posible y que no pueda estar en dos sitios a la vez. 

En storia greca estoy con una clase de gente del 91. Primero de carrera. Me siento mayor, ya que aquí empiezan la universidad un año después. Para ellos soy la española veterana. Me siento muy bien en este grupo, conozco en seguida a casi todos y tengo muy buena relación. Rosalinda, fantástica. En seguida nos hacemos amigas. Me guardan un sitio con ellas. Intentan chapurrear español. Un ambiente verdaderamente agradable.

Poco a poco voy hablando con los alumnos del resto de asignaturas. Aquí a los españoles los tienen en buena estima. Me acogen muy bien. Me ofrecen ayuda y ¡cómo no! Intentan ligarme… ay, l’italiani, l’italiani. ¿No se cansan nunca?

El martes diluvio universal. No para de llover. Magda, Kersten y yo vamos a comprarle un regalo a Kuba, ya que por la noche celebra su cumple. Kersten me viene a buscar y cuando salimos a la calle, en vez de acera hay un río. Nos empapamos. Lecce no está preparada para la lluvia y eso que llover, llueve. La zona vieja no tiene una sola alcantarilla. Pingando, volvemos a casa. Ropa seca y a la fiesta de Kuba. Como su residencia está lejos, decidimos coger un bus. Pero a las 21:00 se acaban los buses ¡Mira qué son vagos! Festejamos bastante. Cuando vuelvo a casa… ¡mi habitación se había convertido en un lago! 

El jueves tengo la fiesta-presentación del curso de Teatro. Muy agradable, muy teatral. Proyectando Nosferatu nos iban explicando lo que haremos. Cada dos meses una performance. Trabajo con máscaras, su uso en escena y su construcción. Mezclar el teatro con otro tipo de vertientes artísticas. ¡Qué ganas de empezar!


Después de teatro me voy a un concierto flamenco. Sí, sí… flamenco. Es que esta parte de Italia está llena de jipiosos a los que les gusta la música tradicional. Allí me encuentro con Carmen y otros andaluces. El concierto bonito, pero de flamenco poco. Una pena, la mujer que bailaba lo hacía bien, pero sin alma. Se veía a leguas que era italiana. En vez de bailar con el suelo y amar la música, hacía los pasos que le habrían enseñado en una prestigiosa y fría academia de baile.

Cuando los músicos acabaron de tocar, tres andaluces les pidieron los instrumentos y nos honraron con un poco de flamenco de verdad. No pude evitarlo, sin darme cuenta, estaba de pie y bailando. Creía que nadie se daría cuenta, pero no fue así. Acabado el bonustrack, se me acerca el “guitarrista” y me dice “estaba esperando el momento en el que te subieses al escenario con nosotros” Pero bueno, si yo no sé bailar flamenco. No, pero sabes sentir la música.

Pues sí, descubro que cuando no pienso, bailo bien.

Luego, me encuentro con Javi y Victor para despedirlos. Al día siguiente andan vía. Así que la noche se alarga y al día siguiente no voy al curso de italiano. Pero, el encantador Kersten me trae a casa los deberes. ¡Qué cielo de hombre! 





Cena temática francesa en casa de Pauline, Sonia y Katy. Crêpes. No puedo evitar echar de menos a mi segunda familia. La France. La France. Me manque. Salimos para celebrar que mañana es sábado. Vamos al… ¡Paolone! Veo a un chico con un djembe en las manos y rizos en la cabeza. Chupa de cuero y pelo largo. Así que imaginando que sería sociable, me acerco a él y le pido que toque un poco. Bonita forma de iniciar una conversación. Descubro que es amigo de un amigo de Carmen, así que nos pasamos la noche juntos. Desgraciadamente, me entero de que      se llama Andrea. ¿Cómo puede un heavy llamarse Andrea? Debería estar prohibido. 


A pesar de su desafortunado nombre, es súper simpático. Nos pasamos la noche con la guitarra y el djembe y de pronto amanece. 

A cambio de conocer al Termosifone, me quedo sin ir a Ostuni, la excursión de este finde, ya que me despierto un poco tarde para coger el tren… algo así como con cinco horas de retraso. 



El sábado y el domingo son dos días asquerosos. Tengo problemas de comprensión con Matteo, bastante grandes. Descubro que tiene una desagradable parte machista. Me decepciona. Paso el domingo deprimida, sin nada que hacer, sin nadie con quien ir a airearme. Así que, sin poder aguantar más, me voy sola de paseo. Vagabundeo por Lecce, que está llena de familias domingueras. Me paro en un puesto de unos artesanos perroflautas y me paso un buen rato hablando con ellos. Es una pena estar sin blanca, porque les compraría algo encantada. La diosa burlona, después de haberme hecho algunas cabronadas, me recompensa y los artesanos me regalan un anillo de cuero. Esta vez sin ánimo de ligar, ya que me lo da una chica. Me sienta genial. El gesto me anima un montón y continúo mi paseo con una enorme sonrisa. 



En Piazza Santo Oronzo hay unos chicos haciendo un breakdanceshow. Me recuerda Londres, París, pero no parece Lecce. ¡Qué bien! Me quedo embobada mirando cómo bailan. Cada vez me gusta más la música y el baile. Me he planteado retomar la guitarra. Todo se andará.






Inicia una nueva semana. Comienzan, con ésta, mis clases de danza afro. Mi profesora es una brasileira negra, y practico un poquito de portugués. Me siento totalmente un pato, pero al menos la otra chica es mucho peor que yo. No es fácil entender a una brasileira hablando italiano por encima de la música.

Después de la danza quedo con Andrea, y conozco a una majísima italiana amiga suya con la que congenio al instante. Silvia, estudia español.

Luego, teatro. Primera clase. Primera clase típica. El actor en escena. Ya me sé la lección. Pero, al menos, practico italiano. Soy la veterana con enorme diferencia siendo la más joven.

La semana transcurre entre clases y casa. Miércoles, concierto tributo a Edith Piaf. Precioso. Je ne regrette rien



Después del concierto, vamos con las rumanas. Anca y Cristina. Son compañeras de piso de la cantante. Llegamos y están todos los músicos y un grupo de italianos. En principio, estaba de paso, pero al ver el saxofón y el tamburello, no me puedo ir. Pandereta, saxo, djembé, flauta… Cantante con una voz impresionante. Vino salentino. ¿Quién podría irse a casa? Me siento bien, me transporto al Malas, pienso en Ricardo. Qué hermosa es la música en directo. 

Giovedì. San Martino, fiesta del vino. Fiesta en casa. Diecisiete personas. Un montón de italianos que hablan en dialecto. Kersten, Julie y Daniel. Me doy cuenta de que tengo más amigos alemanes que españoles.

Al día siguiente inicio el curso de pizzica. ¡Qué ganas tenía! Anonadada observo cómo algunos pasos son extremadamente similares a los del baile gallego. No entiendo el porqué. Aquí estuvieron los aragoneses pero ¿los gallegos? Aislados del mundo, ¿cómo tenemos tantos paralelismos con el Salento? El acento se parece un montón al nuestro. Si alguien sabe el porqué, que me lo explique. Senza senso.



El sábado vamos a Bari. Ciudad grande. Un puerto demasiado industrial. Ciudad vieja bonita pero sin mucho más. Por la noche concierto rock bastante agradable, sin embargo, el público era de lo más aburrido. Sin pogo ni nadie bailando. Luego, convitto, me encuentro con Andrea, djembe, guitarra, Carmen. Feliz. Feliz.





Y con la llegada del domingo se acaban las historias por hoy.