lunedì 18 luglio 2011

Viaje: Venecia

                                          Ali, el chico que me alojaba, con chaplin.

                                          Ali, ferrero, su colega y yo haciendo amigos en carnaval

                                           Marta y yo despues de habernos maquillado, con Ali

                                          En casa de los amigos de Ali, preparados para una cena afgana

                                         Lost o los cazafantasmas?

                                           Político en Venta


No podía faltar la foto a la góndola

                                           Marta, la valenciana, y yo, recién maquilladas

                                            Venecia... sin palabras

 
Música a base de vidrio y aire. Mágico

Máscaras

Il capitano

                                             Los japos son únicos

                                              Ali, maja vestida

                                              Puente de Rialto

Malabarista

Artesano

                                                   Artista callejero
                                                        Máscaras venecianas

                                                    La ciudad de los canales

                                                  Familia aristocrática

                                                Pizza-máscara

                                                      Arte, teatro, belleza

                                                     Las tres madrinas

Un poco guiris

                                                              El diablo, probablemente

                                                                 Disfraces

                                                          Alice in Wonderland
                                                               Magistrados

                                                                     Yasmin?

                                                                 Veneciana presumida

                                                                     Pareja de nobles

                                                                     Mimomamá, mimomímame

                                                       La virgen por los suelos

                                                      Mi amigo el gondolero

                                                                  qué espectáculo

                                                      góndola

                                                           Arte-sanía

                                                       el pianista....

...y su demiurgo

Viaje: Ferrara










Viaje: Ravenna


















Bitácora: Capítulo XVI

La aventura del "primo maggio" (más vale tarde que nunca)

Para comer, paella, una de mar y otra de tierra. Toda la mañana me la paso cocinando; ¡menos mal que no salí ayer! Después, comilona y otra vez a cocinar ya que esta tarde se hará una de las cenas sociales al Formicaio y me he ofrecido para llevar una tortilla de patata, ya que el jueves habían organizado un encuentro sobre el camino de Santiago, en el cual, por cierto, me emocioné tantísimo. ¡Qué morriña, miña terra galega… digo… ¡¡santiaguesa!!

En el Formicaio comemos, bebemos, me encuentro con un montón de gente y, finalmente, a pesar de la lluvia y de que Carmen me abandona, subo al tren para Roma. Mañana es uno de mayo, día del trabajador. En el tren me encuentro ocupando compartimiento junto a un señor de lo más amable, que me cuenta un poco de su vida y que se preocupa por que duerma cómoda y sin peligros. A la altura de Foggia, se sube un grupo de chavales que también se dirige al “primo maggio” y compartimos birras y cháchara. Por fin llego a Roma. Me cojo el autobús de Termini para ir a la plaza en la que se hacen los conciertos y me quedo sopa, a la tercera va la vencida. Le pido al conductor que me despierte cuando me tenga que bajar. En el autobús se han hecho las ocho de la mañana. Ya estoy en la plaza san Giovanni. Llego y veo un montón de gente sobando por el suelo, algunos con tiendas. No sé muy bien qué hacer. Llamo a Vasco y me dice que el autobús en el que vienen él y todos los de Lecce está buscando todavía aparcamiento. ¡A saber a qué hora llegan! Bueno, pues me siento a esperar que suceda algo. No pasa mucho tiempo hasta que un chaval, que hacía poco estaba durmiendo dándome envidia con su manta, se acerca a mí y me pregunta que si estoy sola. Por ahora sí, estoy esperando a que lleguen los otros. Empezamos a hablar, compartimos nuestras birras y ya no me separo de ellos en todo el día. 

La fiesta del trabajador, Roma. Impresionante. Entramos de los primeros en el recinto. Con la salida del sol el calor se hace cada vez más insoportable. Estoy molida. Me adormezco junto a estos turineses.  Mis nuevos compañeros de concierto son cuatro norteños del perdido Piemonte, al pie de la France. Después de unas cuantas horas de espera y de sol abrasador, empieza el concierto. Estamos cerquísima del palco, y en pago a ello no podemos ir a mear o pedir una cervecita. Lo único que se puede hacer es beber el agua que nos dan los de la cruz roja, ¡al menos! Tras varias horas mi vejiga no aguanta más, o salgo o me meo encima. Abandonamos el recinto sabiendo perfectamente que será imposible volver a entrar. No pasa nada porque está todo lleno de gente. Hay puestos donde venden camisetas, comida, bebida, un parque hasta arriba de gente… Nos imaginamos en un pequeño woodstock. Ojalá pudiésemos vivir algo así…

Estamos allí hasta las once de la noche, hora en la que los chicos de Torino me acompañan galantemente a la estación de Termini, donde cogería el tren. Llegamos: “Gracias, encantada de haberos conocido, espero que nos volvamos a ver” No sabía yo lo pronto que los vería.

Voy corriendo al tren que ya estaba en la estación. Está hasta arriba. 

No me dejan pasar. “Por favor, señora, estoy sola, tengo que subir a ese tren.” “Ese no es mi problema, el tren está lleno.” PÁNICO. ¿Qué hago? Llamo a Roy. “No puedo subir al tren, ¡¿qué hago?!” “Nosotros estamos yendo hacia Tiburtina. Si quieres ven.” Desesperada, empiezo a caminar lo más rápidamente posible hacia la otra estación de tren, que no está precisamente cerca. En menos de media hora cruzo Roma, no sé cómo ni con qué fuerzas, y llego a la estación. Estoy agotada. Y ahora, ¿qué? Los turineses se cogerán un tren en 20 minutos. ¿Qué he solucionado? Nada. Me encuentro en la otra parte de Roma, que por cierto, no conozco para nada, y en 20 minutos ellos se van. El pánico no me ha dejado pensar. Estoy demasiado cansada para razonar. Me dicen que si quiero vaya a Turín con ellos. Es una locura, ¡la otra punta de Italia! No sé que hacer. Llamo a Ilaria. Vete a Torino, para algo tienes el billete mágico. Sé que es una locura, pero la vida hay que aprovecharla. La única ciudad de la península italiana que me queda por ver. Al final me subo al tren, parece que la Diosa Burlona ha estado trabajando en ello toda la jornada. Finalmente, después de lo que parecieron mil horas de viaje, llegamos. Visita rápida de la ciudad y nos vamos a Pont, de dónde son ellos, un pueblo de las montañas, un poco fuera del mundo. Es precioso. Un valle rodeado de los Alpes. Francia a un paso. Estoy boquiabierta. Casitas preciosas. Todo es maravilloso. Un pueblo de lo más peculiar y acogedor. Gracias, dios Burlona, por haberme hecho hacer esta locura. Mañana por la noche volveré a Lecce. Trece horas de tren, sin batería en el móvil y sólo veinte euros en el bolsillo. Pero, aún así, habrá merecido la pena. 
Supongo que el que lea estas líneas pensará que soy una inconsciente. Tal vez haya una manera diferente de entender la vida y yo la esté descubriendo poco a poco. Tal vez he encontrado el modo de rebelarme contra la rutina y la civilización occidental. Tal vez no sea yo la que se equivoca. Tal vez haya descubierto el medio de luchar contra la sociedad y sentirme verdaderamente libre. Tal vez esté empezando a entenderme a mí misma. No lo sé, pero me siento extremadamente satisfecha con mis insaciables ganas de vivir y conocer.

Paso una noche en Pont. Una acogedora velada. Me llevan a cenar a casa de otro colega, ya cuarentón, que me acoge al instante. Me siento integrada en dos segundos. Ceno mogollón. Pasta a la bolognesa y un poco de carne.

Los horarios y los ritmos de vida son diferentes a los de la Puglia. A las nueve ya habíamos cenado. A medianoche sobando. Tres de mayo, día del regreso. Por la mañana madrugo relativamente y me pierdo un poco por el monte. Para bajar a Torino tengo que esperar a las cuatro de la tarde que Roy vuelva de trabajar. Así que disfruto de una mañana perdida en las montañas. Camino siguiendo el río, enamorada de la música del agua. El ruido de la civilización no contamina mi paz. Me maravillo con los mil tonos de verde. Intento reconocer los árboles que me rodean,- un poco de ayuda de mamá no me vendría mal. Más de cuatro horas perdida por los alrededores del pueblo que me ha hospedado. Se acerca el momento de volver a Lecce. Tengo que ir a Turín. Espero que me de tiempo a ver algo y así podré decir que conozco todas las ciudades de Italia.
Me da la sensación de que el tiempo en realidad se ha parado. He abierto un paréntesis. He roto lo poco que quedaba de rutina.

Ahora sí, ahora podría morir diciendo que he vivido de verdad. He encontrado por fin el equilibrio perfecto para seguir adelante en una sociedad en la que nunca podré encajar.


                                                                       Pont Canavese, 3 de mayo de 2011

venerdì 6 maggio 2011

Bitácora: Capítulo XV


Vuelvo del viaje por Italia a finales de marzo. Me voy directamente de ocupa a casa de Ilaria. Al día siguiente del regreso, paso por mi antigua casa y descubro que Sergio, el casero, tiene más cara que espalda. Aprovechándose de que soy extranjera y haciendo como que no entiendo el italiano, todo lo que habíamos hablado se le olvida. Me dice que no he encontrado nadie para sustituirme, cosa que no es cierta, empieza a decir estupideces y no sé que contestarle, encima no quiere devolverme la fianza, ¡valiente gilipollas! Menos mal que me he ido… Al fin, una portuguesa ocupa mi habitación y Matteo y Davide no están demasiado contentos. Sergio pretende que le pague aún más facturas. Puedes esperar sentado, amigo mío, que no te voy a dar ni un duro más.

Me paso una semana en casa de Ilaria esperando a ver qué pasa con su compañero de piso, que debería abandonar la casa por la enorme deuda que tiene con la propietaria. Finalmente, se tiene que ir, la habitación es para mí. Estoy radiante de alegría. Empiezo la mudanza, empiezan las obras en mi habitación. Limpia, mueve muebles, cambia las cosas de sitio. Vamos a la descarga, me hago con un armario y una pequeña estantería. Pinto los muebles, arreglo la bicicleta, me compro una plantita, hago doscientosmil planes con Ilaria. Estoy extasiada de alegría. Recomienzo las clases, la profesora de egittologia es maravillosa. Dado mi estupidez y la desinformación de mis coordinadores erasmus, cometo un error al escoger la materia de egiptología, pues me cojo la segunda parte sin haber cursado la primera. La profesora me da una solución, cursaré la primera parte, haré el examen y luego, dado que soy la única matriculada en la segunda parte, hacemos un trabajo investigativo tête a tête.

El mes de marzo se acaba, el mes de abril empieza con la llegada del calor. En dos días, a base de carpintería y pintar en el balcón, me pongo negra. Un montón de activismo, vamos a Manduria, un campo de inmigrantes que es una vergüenza. Vamos a echarles una mano, llevamos vestidos y hacemos un poco de traductores, ya que casi nadie habla francés y muchísimo menos árabe.
El tiempo pasa velozmente, no me da tiempo a recapacitar. Poco a poco llega la primavera, los últimos meses de la Erasmus se acercan. Me olvido del español, ya soy toda una salentina. No quiero imaginar el momento de volver a España. 

Llega, tras clases- pocas-, fiestas, reuniones para paralizar el nuclear, visitas a los muchachos de Túnez a Manduria, ideas ecologistas en el Formicaio, tortillas de patata, paseos por el campo, domingos al mar, cafés con Rocco, la escapadita a Roma para ir a visitar a Ildara que está de paso de Ecuador en Italia… ¡qué ilusión verla! En realidad, no me esperaba para nada una visita así, de repente, un venga, vámonos a Roma, tren y ¡plop!: ¡¡¡Ildara!!! Paso un día genial con ella, un poco de morriña no viene mal, para no olvidarme de mi tierra y de mi gente. Y encima, en Roma, la ciudad eterna, el origen de todo lo que estoy viviendo.

 
Con un largo etcétera de cosas que no me han dejado tiempo para actualizar el blog durante tanto tiempo, empieza la Semana Santa. Visita familiar. Descubriendo la Puglia, visitando esta bellísima tierra y comiendo todo el pescao que no he comido en todos estos meses.




Así pasa abril, y llega mayo… en el próximo capítulo: ¡la aventura del “primo di maggio”!